24.6.11

500 días con ella.



Sin pautar asteriscos en algún almanaque, de antemano, acabo de caer en la cuenta de mis primeros 500 días de vida en Buenos Aires... ¡mirá mami, sin rueditas y cruzado de brazos! Usando de muletas cosas y personas (lo cual, obviamente, incluye gente cosificada y objetos varios con entidad). Abrazado a la cintura de ésta ciudad, entre la muestra sentida de afecto y la demostración de cariño que busca inhabilitar la agresión del otro, no sabría decir cuánto ni por dónde pasó. Pero hay una irradación invisible que me afectó.

Desde los hechos prácticos o de bajo relieve:
me hice amigo de la extensión de las avenidas y los discos en loop, ya no tolero a la gente que camina despacio en calles donde la 'velocidad mínima' establecida es otra, me conmueve la aglutinación espontánea, no me incomoda comer parado, me enamoro treinta veces al día y actualizo, con regularidad, el inventario mental de cosas que le haría a ciertas personas otras treinta, estoy al borde de naturalizar la indigencia como parte del paisaje, soy mas desconfiado, me acostumbre a correr sobre cemento, entendí por que la gula es pecado capital, extraño el cielo, puedo quedar a merced de un librito con un mapa trozado en 36 planos, espero hechos épicos para colarme en el tren de la historia, sospecho encontrar mística hasta en las casas que se vienen abajo, llegue a la conclusión de que casi toda la publicidad es absurda, pronuncié mi impuntualidad, tengo una kodak de unos magros 5 megapíxeles al borde del suicidio, perdí la capacidad de ahorro y sumé en la de asombro.


▼ 

0 diamantillo(s) en bruto:

Publicar un comentario en la entrada