9.5.11

El duende.




Era de los que sólo disparaba contra esos fiascos que habían ocupado la escena noventosa del rock nacional, después de una década deslumbrante, para volverla un mutante tan fiero que no se hubiese podido reconocer a si mismo en ningún espejo.

Me sitiaron los oídos cuando recién comenzaba a darme cuenta que tenía un corazón (en el sentido menos orgánico posible de la palabra), y en cierto punto podría ahora darles las gracias por haberme exiliado y darme un buen voleo en el tuje fuera del mapa que habitaba el resto de los pibes, aun a costa de enterarme un siglo más tarde que era eso de "quebrar la piedra de tu locura"... el careta sin aguante, ni trapos de estandarte.



¿Quién era el mascarita, entonces, si para ganarte una identidad te armabas un circo propio en un show donde es el artista el que merece el protagonismo?
Algunos crecieron, y otros digamos que siguen sin tener en claro que el arte no se valida con una puesta en escena pirotécnica que el tiempo y, ¡lo que es peor!, los hechos terminaron de confinar como un cascaroncito hueco.

La tragedia más grande de nuestra historia sobrepasa a esos impostadores de agite en un medio conservador -citados por Dargelos- que bajaron mambo, alto cope, estilo y gran provocación. Es el desamparo de la generación que parió la "década infame", esa fiesta artificial y momentánea a la que no todos fuimos invitados. La verdadera puesta en escena que nos terminó cagando la existencia.





2 diamantillo(s) en bruto:

  1. qué genial q ahora uno pueda no ser careta. será una puesta en escena tambien?

    ResponderSuprimir